AMAR

La inmensa energía del amor, esa que mis ancestras – todas brujas y curanderas- llaman Munay, habita también en esta otra parte del charco. Barcelona es una ciudad pequeña, y gigante, a la vez. Tantas cosas pasan todo el tiempo, sin parar y sin respiro para procesarlas. Llevo envuelta en sus calles casi un año y medio. Mujer feminista, lesbiana – que fluye como el mar-, migrante y negra (aunque aquí me llamen solo “latina”). Una sin papeles, o con papeles a medias, ya no sé bien y qué importa. Amar siempre será mi revolución, mi lucha más grande, mi constante aprendizaje y uno de los más hermosos.

“La del al lado es compañera, no competencia”, ¿Cuántas veces hemos repetido esta frase en espacios feministas? Y sigo preguntándome el porqué en la práctica, se nos complica tanto aplicarlo. Esta vez quiero abrirlo hacia los otros espacios, los que siguen perpetuamente colonizados por el amor romántico patriarcal, que tanto daño nos hace, que tanto nos cuesta soltar y que ha matado a tantas de nuestras compañeras. Aquí, se me hace necesaria una aclaración: Me considero una persona absurdamente romántica, cursi, melosa, llámalo como prefieras. Y es desde ese espacio de cuestionamiento que abro mi reflexión.

El sistema capitalista en el que estamos enmarcadxs nos ha llevado a consumir todo el tiempo, estar insatisfechxs y que nunca nada sea suficiente; por lo tanto, nosotrxs mismxs nunca somos suficientes. Todo es un ciclo, que repetimos una y otra vez, como el patrón que sabes que debes romper y no tienes el valor de afrontar para soltarlo.  Para las mujeres, este ciclo de competitividad es tan destructivo y tóxico que logra, en la mayoría de casos, lo que quiere este sistema que nos oprime: Separarnos. Ser competencia. La otra es siempre la “puta” que te quiere quitar lo tuyo. Nos lo han repetido hasta el hartazgo y casi lo han tatuado en nuestra piel. Es instintivo, inmediato. Puedes observarlo en tu día a día, en el baño de una discoteca, en Instagram, en cualquier medio de comunicación masiva. La sociedad actual nos entrena, diariamente, para odiarnos entre nosotras.

Entonces compañera, aquí te hago una propuesta: Ama. Y para esto se requiere ser valiente, porque puedo asegurarte que te van a lastimar (otra vez), pero aún así, merece la pena, y todas las alegrías. Enamórate de tus compañeras. Vamos a deconstruir el concepto que nos han enseñado hasta ahora sobre cómo y a quién debemos amar. Tus amigas, son tus amores. Tú, compañera. Tú eres tu principal amor. Y sé que es muy aterrador pensar que vas a caminar “solo” contigo misma, y que no parece suficiente. Pero lo es. Porque todas estamos conectadas bajo una misma energía.

Sin embargo, me veo en la obligación de pedirte paciencia, para ti misma y para lxs otrxs. Nadie nos ha enseñado cómo amar en libertad. Dejar de confundir el consumismo capitalista, las flores de San Jordi y todas las historias de princesas con “amor real” es un proceso largo y cambiante.

Aprendamos– poco a poco- a diferenciar el amor romántico de la hermosa energía que es amar en libertad. Me declaré líneas arriba una persona cursi, y lo soy. No creo que darle flores a las personas que amamos, preparar una cena sorpresa o regalar un poemario con una notita escrita a mano, sean acciones negativas si se hacen en libertad. Todo lo que se entregue con amor, libre de jaulas y obligaciones sociales impuestas, debería ser celebrado.

Quisiera compartirme contigo, explicarte cómo a través del tiempo, desde mi contexto y experiencias, he venido de/reconstruyendo lo que es amar en libertad. Para mí es como tener un jardín, en donde tú decides qué  naturaleza quieres ver crecer, a qué árboles les permites enraizar y florecer a tu lado, cómo y cuánto lo cuidas, eso solo lo decides tú. Y lo lindo de esto, es la posibilidad de abrirle a otrxs tu jardín y que ellxs te abran el suyo. A veces para pasear, quedarse alguna que otra estación, o juntar los jardines, quitando las cercas y construir uno nuevo y más grande. Al final, todos los jardines somos parte del mismo verde y la misma tierra. Florecer toma tiempo y presionar las raíces solo hará morir a tus árboles. No te juzgues tan duramente, cuestiona con amor y pregúntate desde dónde estás accionando. Y si te hace daño, aléjate.

Desvincular la palabra amor a la inmediata y, única, imagen que nos lleva a pensar en el amor romántico de pareja es otro laborioso proceso, pero me tomo la libertad de recordarte que el amor es una energía tan gigante, poderosa, enorme y diversa que todo lo puede.

Dentro de la cosmovisión andina existe el concepto denominado “Munay” que es el principio del amor absoluto, el amor que trasciende, una vibración energética, recíproca y poderosa, que según  los chamanes, ha curado todo desde tiempos ancestrales. A partir del Munay las comunidades andinas desarrollaban culturalmente su convivencia; entendiendo este principio en preceptos como: libertad, vivencia, integración (colectividad), perdón (pampachankuy), liberación, evolución y sobre todo iluminación.

Para las cosmovisiones andinas y amazónicas del Perú, todxs somos una sola energía, interconectada y poderosa, todxs somos amor. Una energía tan omnipresente que no puede controlarse, fluye y cambia, como la Pachamama(Madre Tierra) misma: Nace, crece, muere, renace, transformándose continuamente, pero que jamás desaparece. Y su poder es activado con la autoconciencia de su presencia en nuestro interior, proceso que es potenciado/guiado en diversos rituales andino-amazónicos por maestrxs, chamanes y curanderas desde siempre; como por ejemplo, el ritual de Ayahuasca.

Según el acervo cultural al cual pertenezco, es la aceptación y consciencia de que somos amor (Munay) lo que nos permite acceder a todas las bendiciones que de este se desprenden y así conectarnos con nuestro poder interior; ergo, conectarnos con lxs otrxs y crecer constantemente, a esto se le llama el “Buen vivir” (Sumak kawsay) que es sinónimo de vivir en plenitud, en armonía y en equilibrio con la naturaleza y la comunidad; de la mano del Munay forman lo que para mí significa el amor, ese inmenso, delicioso y libre amor -que tanto cuesta construir- el sentido de la vida y toda mi cosmovisión latinoamericana tan llena de magia y rituales, de la cual tengo el inmenso placer de saberme parte.

Creo que las comunidades ancestrales que nos preceden son muy sabias, y que está dentro de nosotrxs la posibilidad de que todos los demás sentidos se abran. Y respirar, aunque veces nos siga faltando el aire.  La vida es larga, las batallas son duras y la lucha constante. Es en la oscuridad cuando más resplandecen las estrellas.

Entendamos que somos amadas, siempre. Sin ninguna duda ¿Cómo entonces la de al lado puede quitarte algo? La compañera de al lado es un regalo, que me aporta, una mano con la cual luchar cuando las cosas se ponen difíciles, un espejo lindo en el que podrías reflejarte y ver cómo floreces, mientras mutuamente nos regamos bajo la lluvia de verano que nos regala Barcelona. Esta ciudad tan pequeña, y gigante, a la vez. Tan llena de mujeres diversas que sí podemos ser compañeras, de energía, de amor, de Munay.

Miriam M. Salas

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